Certamen-2005

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Primer Premio de Poesía 2005

Brindis de claridad

Enrique Barrero Rodríguez

Hoy levanto mi copa con un brindis

por tanta claridad, la que se encierra

en el breve regalo de tu nombre.

En ti sacié mi sed y mi tristeza

y tuvieron mis manos asombradas

murmullos de cercana transparencia.

En el claro sigilo del arroyo

y en la desierta paz de la riberas,

en el extenso mar inabarcable

o en la fuente silbante entre palmeras

fuiste la claridad insobornable,

el hallazgo preciso de la esencia.

¿Cómo nombrarte a ti?¿Cómo nombrarte?

No hay nombre más sencillo en su pureza

ni vocablo más alto que resuma,

con vocales tan hondas, tal belleza.

Elemental. Modesta. Cotidiana

Sencilla y coloquial. Simple. Perfecta.

Savia en sorbos de vida. Inaprensible.

Conjunción misteriosa de moléculas.

Gota de eternidad donde resume

su enigma indescifrable la materia.

Con qué vieja humildad llenas los pozos

y discurren tus pasos por la acequia.

Con cuánta contumacia te acumulas

y prorrumpes furiosa en la tormenta

o en remansos de calma te adormeces

entre jaras y juncos a tu vera.

Qué sería de la vida, di, responde,

sin tu clara verdad, sin tu querencia,

sin la humedad descalza de tu nombre

que acaricia el verdín de las albercas,

la arena de las costas infinitas,

las agrestes, antiguas escolleras.

Y qué sería del mundo sin tu risa

que suena a cascabel, campana vieja,

sin tu voz de cristal, tu cuerpo simple

fluyendo entre los dedos, sin protesta.

Qué sería de nosotros, di, responde,

si a la sangre faltaras, si extinguiera

su fuerza el hontanar de donde brotas

y quedaran la boca triste y seca.



Hoy fluye mi esperanza como un río

y celebran mis labios tu presencia.

Brindan por ti mi verso y mi palabra.

Agua clara y sencilla. Agua eterna.

Diario manantial de nuestro gozo.

El mejor de los dones de la tierra.

 

 

 

 

 

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